Si había una pequeña esperanza de que la Presidenta, durante los veinte días de licencia, reflexionase en pos de empezar a realizar algunos de los cambios que necesita el país, ayer se esfumó rápidamente.
EN FOCO
Otra muestra de hipocresía extrema
Si había una pequeña esperanza de que la Presidenta, durante los veinte días de licencia, reflexionase en pos de empezar a realizar algunos de los cambios que necesita el país, ayer se esfumó rápidamente.
Fiel a su estilo, Cristina Kirchner hizo una puesta en escena teatralizada, pronunciando quejas y berrinches que nada tienen que ver con las políticas de Estado que requiere la Argentina. Un claro ejemplo fueron los retos que les dio a las petroleras, pidiendo a sus ejecutivos que “no se hagan los vivos” por las distorsiones en el precio del gasoil. Fue, en realidad, una actitud cargada de hipocresía.
La Presidenta, que gusta de ejercer un poder centralizado, donde sus decisiones no se discuten y está rodeada por funcionarios obsecuentes, tiene a su alcance todas las herramientas para resolver el problema. Sólo debe tomar la decisión de recrear una verdadera empresa testigo, como lo fue YPF, que determine las reglas de juego en función de los intereses y necesidades del país, en un contexto internacional donde existe un sistema capitalista despiadado, que está mutando, y que no dudará en arrasar con aquellas naciones, como la nuestra, que no tengan barreras para proteger sus recursos naturales.
El kirchnerismo siempre optó por el camino contrario. Tanto Cristina como su difunto marido fueron entusiastas defensores de la privatización de YPF, que se concretó de forma escandalosa, en medio de negociados, durante la década menemista. Todos los seres humanos, sin excepción, pueden cometer errores. Pero los Kirchner tuvieron la oportunidad de redimirse durante sus casi nueve años de gobierno, y no lo hicieron. Continuaron, y en algunos casos profundizaron, el esquema privatizador. Y mientras se mantenga ese modelo, salir a plantear que los graves problemas que existen con los combustibles se van a solucionar con simples reprimendas, como si fuese un conflicto en el seno de un club de barrio, resulta muy poco serio.
Por más que se la critique públicamente, ninguna multinacional va a tomar la decisión de trabajar a pérdida, ni va a invertir sin tener la seguridad de obtener importantes ganancias. Por eso hay que trabajar en otro plano. Ello requiere que el Gobierno se calce los pantalones largos y ponga al Estado al servicio de los argentinos. De lo contrario, todo lo que se diga, por más que provenga de las más altas esferas del poder político, terminará siendo un simple cuento chino.
HOY